El fenómeno climático “El Niño” podría alcanzar una intensidad excepcional hacia fines de 2026 y alterar las lluvias en distintas regiones del país. En Tucumán, los primeros efectos podrían comenzar a observarse en la primavera, mientras que el periodo de mayor atención se concentraría en diciembre y marzo.

De acuerdo a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), existe un 95% de probabilidades de que la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial supere los 2° de anomalía entre octubre y diciembre de 2026. En Argentina, las zonas de mayor impacto abarcan al Litoral, el noroeste y el este de la región pampeana, en provincias como Misiones, Corrientes, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires.

¿Qué efecto podría tener en Tucumán?

El escenario en la provincia podría comenzar a observarse entre octubre y noviembre. Durante esos meses aumentarían las condiciones favorables para intensas tormentas, lluvia abundante por un periodo corto de tiempo, actividad eléctrica, fuertes ráfagas de viento y eventual granizo.

Durante el verano, las reiteradas tormentas con pocos días de diferencia podrían provocar una mayor saturación de los suelos lo que aumentaría el riesgo de crecidas en ríos, anegamientos y problemas en el sistema de drenaje. Entre las áreas que requerirían especial atención se encuentran las cuencas de los ríos Marapa, Gastona, Medina, Chico y Balderrama, zonas ubicadas en el sur y este de la provincia. Mientras que, en el Gran San Miguel de Tucumán, el principal riesgo estaría relacionado con fuertes precipitaciones concentradas en pocas horas y la capacidad de desagües y canales para evacuar el agua.

En las zonas de montaña y pedemonte, las lluvias persistentes podrían aumentar el riesgo de desprendimientos de tierra y caída de rocas. Por este motivo, durante los temporales deberían mantenerse bajo vigilancia algunas de las principales rutas de la provincia como la Ruta Provincial 307, con dirección a Tafí del Valle, y la Ruta Provincial 338, hacia San Javier.

Las consecuencias de la llegada del Super Niño también afectarían al sector productivo. Un claro ejemplo es el caso de la caña de azúcar, donde una buena distribución de las lluvias podría ser óptima para su crecimiento. Sin embargo, el exceso de precipitaciones podría dificultar su maduración y las tareas de cosecha, lo que a su vez podría afectar el inicio de la zafra 2027.

Al margen de los posibles impactos, algunos especialistas advierten que la presencia de El Niño fuerte no significa necesariamente que se produzcan inundaciones. El foco estará puesto principalmente en la intensidad y frecuencia de las precipitaciones, la cantidad de agua acumulada en periodos cortos y la evolución de las condiciones durante el verano.